El 1ro de septiembre de 2026, alrededor de las 7:20 pm, la defensora campesina Sara Hernández fue atacada por la policía y detenida de forma arbitraria. Durante la detención, la defensora sufrió múltiples agresiones por parte de la policía, insultos y golpes.
Luego de este hecho, Sara acompañada de otras defensoras, se movilizó el 2 de septiembre a interponer una denuncia por la violencia ejercida de parte de la Policía Nacional. Los agentes se negaron a tomar la denuncia porque no había energía eléctrica.
El día de ayer, 7 de septiembre de 2026 un carro desconocido estuvo estacionado en las afueras de su casa de habitación durante la noche.
Nos preocupa la situación de hostigamiento e intimidación que está viviendo la compañera y exigimos que se investigue quién esta detrás de estos actos de intimidación y se tome la denuncia a la defensora.
Recordamos que la Policía Nacional es uno de los principales agresores en contra de las defensoras de derechos humanos en este país.
Hacemos un llamado a las organizaciones del movimiento social, feministas y pueblos indígenas a permanecer alerta y acompañar a la defensora y campesina Sara Hernández.
Hoy, 8 de julio de 2026 a las 8 de la mañana, agentes de la Policía Nacional realizaron un allanamiento en la casa de habitación de la defensora María Hilda Martel integrante de la empresa asociativa campesina de Rigores en Trujillo y de la Red de Mujeres Campesinas del Aguán.
La defensora está siendo trasladada en estos momentos a una posta policial en Trujillo, Colón aun cuando la orden de captura no iba dirigida hacia ella.
La Red Nacional de Defensoras de Derechos Humanos en Honduras alertamos sobre esta detención contra la defensora María Hilda Martel y exigimos que se garantice su seguridad.
Exigimos una investigación inmediata y la libertad absoluta para nuestra compañera, María Hilda Martel.
Recordamos que la comunidad de Rigores en Trujillo se mantiene en una situación de riesgo y vulnerabilidad después de la masacre contra campesinas y campesinos ocurrida el 21 de mayo de 2026.
Nos mantenemos en alerta máxima mientras nuestra compañera siga detenida y sin saber su paradero exacto.
Hacemos un llamado a las organizaciones del movimiento social, feminista y derechos humanos a estar alertas de la situación de la defensora y de la comunidad de Rigores.
Nutrida estuvo la conferencia de prensa y posterior acción en la calle frente a la Casa Presidencial en la que, como ya es tradición, la presidenta no recibe a ninguna delegación, comisión o representación popular. Se busca, se busca, se busca presidenta que al pueblo atienda, se gritó ante los portones cerrados y custodiados por policía y la guardia presidencial.
La convocatoria de más de setenta organizaciones que respaldamos la urgencia para detener el nivel de violencia brutal que cada día destruye la vida en el Bajo Aguán se hizo presente en el centro de las oficinas del famoso centro cívico gubernamental en donde, para empezar no permitieron ingresar sonido, sino había una autorización; o sea lo de siempre con cualquier gobierno. La conferencia fue importante para denunciar una vez más y con datos y palabras de las mujeres que han perdido a sus familiares lo que cada día sucede, el terror del asesinato a mansalva contra la gente que pelea la tierra. La exigencia que se cumplan los acuerdos firmados con las organizaciones campesinas, que hace tres años están paralizados, fue una de las demandas centrales, así como que se acompañe el regreso de las familias desplazadas y se detenga la agresión armada. La tierra no se vende, se cuida y se defiende.
En el Aguán, a partir de diciembre del 2024, los niveles de agresión de grupos armados ha aumentado no sólo en disparos y vandalismo contra las empresas Camarones, El Tranvío y El Chile, sino que estos perpetradores se publicitan en redes sociales, usan sus nombres en los medios que les son afines, y se refugian en comunidades donde otros civiles se ven envueltos en esta trama criminal; donde tienen el apoyo de grupos que se denominan defensores de derechos humanos, y que hacen la labor civil de esas acciones armadas. La situación ha llegado al grado de que toda la zona es de alto riesgo, el tránsito es peligroso, las clases se han parado en los centros educativos y la vida de cada campesina y campesino está en un hilo. Y eso ya ha sucedido con otros pueblos y luchas, pero el nivel que ha tomado en el Aguán es más que alarmante y sospechamos puede convertirse en una práctica generalizada en otros territorios, aunque hay experiencias similares. Hay que agregar que en esa zona se ha desplegado policía con equipos de defensa, pero cuya intervención es extrañamente lenta y peligrosamente ineficaz.
Esta mañana soleada de febrero, en Tegucigalpa, la delegación de al menos sesenta personas caminamos hasta la Casa donde se supone se encuentra la presidenta, pero quien salió a recibirnos fue un señor llamado Mario Roberto, de asuntos sociales, que se llevó la carta llevada por la delegación con las exigencias y demandas; y dijo que la haría llegar. Lo importante de este hecho fue, precisamente, que una vez más el movimiento social que, aun cuando puede tener militancia o afectos con el partido en el poder, encuentra de nuevo su lugar y recuerda que su propósito es cuestionar al gobierno y obligarlo a responder al pueblo que lo llevó a esas oficinas frescas y limpias.
El señor Roberto dijo que él subiría la carta y que dejaba su nombre y teléfono, por cualquier cosa, firmando de recibido en una fotocopia. Nunca mejor el comentario del señor: arriba está el poder, lejos e indiferente a lo que pasa aquí abajo.
El Aguán, y toda esa hermosa tierra costeña ha sido, por décadas, lugar de agresiones a la lucha de los pueblos garífunas, indígenas, campesinos y el motivo, por supuesto, siempre es la tierra y el territorio. Las empresas agroindustriales y mineras, los terratenientes, ganaderos en su insaciable avaricia arrebatando lo que no les corresponde, esquilmando al estado, depredando la naturaleza y engordando sus cuentas bancarias frente a miles de personas despojadas que necesitan cultivar, tener agua limpia y alimentar a la sociedad entera.
Nunca fue tan importante en este país reconocer la necesidad de poner encima de la politiquería, las válidas y autónomas propuestas de mundo de los pueblos indígenas y garífunas, para todas y todos los que somos pueblo. Nunca fue tan necesario recampesinizar el país, darle la importancia ineludible a la lucha campesina y su trabajo que sostiene la vida, o qué se supone que vamos a comer en el tiempo venidero.
En Honduras todo lo que está por la vida común, recibe golpes, balas, y cárcel, así matan a las mujeres, a las líderes ambientalistas, a los hombres de bien que quieren a las montañas. Y es por eso que una vez más nos toca a todas, todos y todes poner el hombro con el resto del cuerpo a las acciones que buscan la justicia que anhelamos en el campo y las comunidades que luchan. Su lucha es nuestra.